Barrio arco iris
Un cuento ofrecido por Alexys Fernandez Artos a los lectores del "Diario marciano"
BARRIO ARCO IRIS
En estos primeros días de septiembre el verano, como si quisiera dejar paso al otoño antes de tiempo, parece una aguada de nubes y lluvia en la que cielo y ciudad se unen en un mismo gris.
Yo, arrastro la chancla por el barrio de Chueca mientras negros pensamientos, como Nazarenos, desfilan tal oscuros penitentes por mi mente.
Hubiese ganado en no despegar de las sabanas, en dejar su blancura rayada de gris, servir de sudario a mi cuerpo durante 24horas.
Plaza de Chueca: un buen sitio para lucir mi homosexualidad recién descubierta, recién estrenada. ¿Por qué no antes? ¿Por conformismo? ¿Por miedo a enfrentarme a los prejuicios? Por facilidad. Si es que, a caso, es facil renunciar a su verdadera sexualidad. No se. No sabria decir: ¿Por qué no antes? Mientras la cruzo, me distraigo el pensamiento imaginando el barrio antes de Almodóvar, de Alaska. Antes de ese estallido, en el corazón de Madrid, llamado movida. Los viejos principios fueron reducidos a la casi-nada y una juventud ansiosa de vivir sus delirios, legitimar su sexualidad y dar al fin rienda suelta a una creatividad amordazada por la censura franquista, impuso su ley.
Antiguas carnicerías, tahonas, mercerías transformadas en bares, pubs o discotecas donde el "entiendes" se mezcla en el aire con el humo del tabaco, el gesto sofisticadamente femenino de algunos chicos y el beso de labio húmedo, intercambiado de mujer a mujer.
Un mundo donde lo fuera de norma se hizo norma.
La moda, el diseño, la imaginación, todo un colorido tiñendo de arco-iris las antiguas y austeras calles: Chueca se adorno de tolerancia, diversidad, libertad de "ser" y "dejar ser". Aquí todos caben, todos son iguales.
Calle San Bartolomé. Freno el paso y me detengo, como el que se detiene ante la puerta de una casa, saboreando de antemano el placer de recorrerla. Paseo por ella, sin pretexto, para ir a "ninguna parte", no me pilla ni siquiera de paso. Pero paso por ella, porque tiene un algo que me seduce como si se tratara de una mujer bella, tierna y misteriosa.
Los nubarrones se han ido de mi mente y mi pensamiento se hace ameno y llevadero. La camisa medio metida en el pantalón tejano, dejo mi mirada distraída recorrer un escaparate de zapatos en cuyo reflejo veo mi doble. Fugaz transparencia caminando al unísono con mi cuerpo, sombra efimera de color contemplandome guasona desde el cristal: unos segundos, cuatro pasos, antes de que mi cristalino doble desaparezca en la opacidad de cal y piedra de la fachada contigua a la vitrina. Me pregunto si los cristales tienen una transparente memoria donde guardan todos los cuerpos reflejados en ellas a lo largo del día, a lo largo del año. Mudos testigos de la calle y sus pasantes.
Aun consigo sorprenderme cuando alguna vitrina insolente me tira a la mirada ese reflejo gemelo de mi cuerpo. Invariablemente, me sobresalto y una pregunta, como un relámpago, cruza mi mente.
- ¿Quien es ese chico tan parecido a mi?
Si, me miro con mirada sorprendida, como si fuera un amnésico descubriendo su aspecto físico, despues de una larga perdida de memoria.
-Yo.
El flash de un recuerdo se dispara en mi cabeza trayendo la mirada sorprendida, más que enojada, de aquella mujer cuando me vio entrar en los aseos de unos grandes almacenes y casi indignada, me dijo:
- Oye, chaval, te has equivocado, estos son los baños de señoras.
Paso la mano por la frente, como, si con ese gesto ritualizado, quisiera borrar mi pensamiento. Respiro hondo, feliz y a mis anchas, dedico un pensamiento agradecido a esas generaciones anteriores de homosexuales que sufrieron la intolerancia, el rechazo, la injusticia y lucharon para que, al fin, gente como yo se beneficie de todas las libertades por las que ellos pagaron el precio.
Lesbiana. La palabra rebota en las paredes de mi pensamiento. No es una palabra limpia. Ni siquiera yo, consigo pensarla, sin que todas las connotaciones peyorativas y negativas con las que ha sido cargada a lo largo de la historia vengan a perturbar su inocencia y su frescor original.
-Soy lesbiana.
Intento pensarlo con naturalidad. ¡Pues no! Habría, quizás que poner la palabra a remojo, en lejía pura, durante varias semanas para que al fin sea lo bastante limpia para definir mi opción sexual.
Próxima vitrina. Esta vez me detengo. No para mirar su contenido, sino para mirarme. Tengo delante el esbozo de un cuerpo de chico, un tierno chico. Aunque me esfuerze en pensarme mujer, la imagen reflejada en la vitrina es la de un chico. ¡Que le vamos ha hacer!
- Por supuesto me gustan la mujeres, soy les...., soy esby, eso, soy easy esby. Ya esta la palabra me mola. Además, como dijo Gide: Soy homosexual ¿Donde esta el problema?
Cómplices mi transparente doble de cristal y yo nos guiñamos el ojo.
Mi paso se hace lento, perezoso. No tengo ninguna gana, ninguna prisa en abandonar la calle San Bartolomé.
Primero la música: bocanada de alegría, ritmo saliendo de un bar. Después un nombre "SMOKE". Luego un espacio donde cristal y madera pintada de rojo se unen para formar una puerta. Mi mirada y atención han sido captadas. Entro, me encuentro con un local alargado, techo pintado de azul, cortinas de terciopelo azul marino, taburetes arrimados a la barra y al fondo mí mirada descubre, bajo la imagen de algún faraón desconocido, un billar.
Me siento decepcionado, esperaba encontrar un bar muy diseño. Estoy a punto de dar media vuelta, cuando una sonrisa me detiene.
- ¿Que quieres tomar?
Tengo un momento de duda antes de dejar caer mi cuerpo sobre un taburete, apoyar mis brazos encima de la barra y pedir una coca-cola.
Mientras me sirve el refresco la miro: rubia, tremendamente simpática, sonrisa deslumbrante y tras las gafas unos ojos marrones ratifican la amable y alegre expresión de los labios.
Es ella o fui yo la que entablo la conversación. No me acuerdo. Tampoco importa. A lo largo de las palabras desfilaron los primeros años de la Movida madrileña, la metamorfosis de Chueca y la antigua tienda de ropa transformada en bar "entiendes" de chicas: el "Smoke". Me detuve a mirar el bar con más atención. Tenia todo el encanto de antaño: bello, romántico y nostálgico como un bolero. Desplegaba un glamour y misterio que no tardaron en engancharme. El sitio me gusto y mucho, además.
Las horas pasaban, clientes de siempre fueron llegando, uniéndose a la conversación y enriqueciéndola con nuevos comentarios o puntos de vista.
La música presente - con los decibelios justos para poner ambiente sin impedir la comunicación - el ruido de los cubitos de hielo en los vasos, al fondo el sonido seco de los tacos golpeando las bolas del billar, el humo del tabaco flotando en el aire: un todo contribuyendo a teñir de buen rollo el ambiente del local.
En mi presupuesto "tiempo", tomar un refresco me supone un consumo máximo de 30 minutos. Esa noche llego la hora del cierre sin que me diera cuenta del paso de las horas.
-¡Jo! Las dos de la mañana.
La persiana de metal se bajo a medias, ambigua: ni abierto, ni cerrado. O quizás, las dos cosas a la vez.
Las conversaciones, siguieron su curso, tanto en la barra como en alguna mesa aun ocupada por clientes carentes de prisa. Me extraigo del grupo con mi mente y recorro con la mirada la gente en el local. Un grupo muy animado de chicas acaba una partida de billar, una pareja "entiendes" después de una larga y amorosa mirada se dan un beso y un poco mas allá, otra pareja "no entiendes" llevan a cabo el mismo ritual. Al fin y al cabo, el amor es el amor, que lo viva quien lo viva. Mismos gestos, mismas palabras, repetidas desde el alba de la humanidad.
El grupo que me rodea cuenta los últimos chistes y tengo derecho a una demostración de "flamenco vago".
- Hele..... que nos vamos, que nos vamos...... Hele...... que nos vamos...
Son las 3 de la madrugada
- Hele...... que nos vamos, que nos vamos, que nos vamos....
Bueno que nos vamos.
La luna llena sirve de farola a Madrid, el aire de la madrugada es fresco. Ultima despedida enfrente del Smoke
- Venga nos vemos mañana.
De camino hacia casa, anoto en mi diario mental, para nunca olvidarlo: el "entiendes" me ha echo mas sensible y tolerante hacia todas las diferencias del planeta.
Ya es mañana.
Alexys F. Artos



